Porte, los ciclistas y la ignorancia de las normas

Richie Porte penalizado con dos minutos por haber recibido la rueda de un adversario. La noticia ha chocado a los aficionados por la dureza del castigo pero, sobre todo, porque han visto en infinidad de ocasiones a los ciclistas hacer concesiones a sus adversarios e incluso permitirles el triunfo sin haber sido siquiera amonestados. ¿Se puede regalar una victoria a un contrincante sin ser sancionado y ser severamente reprimido por tan sólo prestar una rueda? Pues sí. Por incoherente que parezca es así. La reglamentación UCI es ambigua respecto a los pactos entre rivales y taxativa en lo que concierne al otro tipo de colaboración, pues prohíbe terminantemente la “ayuda material irregular a un corredor de otro equipo”.

Antecedentes de sanciones por este tipo de hechos podemos encontrar muchos en la historia del ciclismo. En la salida de la penúltima etapa del Tour de 1914, Longwy-Dunkerque, Philippe Thys, líder con una confortable ventaja de 31 minutos y 49 segundos sobre el siguiente clasificado, Henri Pelissier, fue víctima de una caída provocada por un señor mayor que deambulaba perdido por la carretera. Cosas de aquella época. Lo cierto es que una de las ruedas de Thys quedó inservible y, ante su desamparo, un espectador le prestó una rueda de su bici. La sanción fue terrible: 30 minutos de penalización, lo que significó que su ventaja de cara a la última etapa se redujera a 1-49, una diferencia que, sin embargo, el flamenco conseguiría conservar hasta el final.

En aquellos años el cambio de rueda no estaba autorizado, ni siquiera entre compañeros de equipo. Hubo que esperar a la década de los 30 para que el organizador del Tour, el implacable Henri Desgrange, se compadeciera de los ciclistas y admitiera ese tipo de ayuda, pero siempre entre corredores de un mismo conjunto.

La norma es, por lo tanto, muy vieja, por lo que sorprende que se sigan produciendo casos de esta índole. Dos de ellos se dieron en una misma temporada, 2009, y con pocos meses de intervalo. En la última etapa el Tour del Porvenir de aquel año, Romain Sicard, que corría con la selección francesa “A”, era líder con 2-01 de diferencia cuando sufrió un pinchazo. Recibió la ayuda de Aurelien Duval, perteneciente también a la selección francesa, pero en este caso del equipo “B”, es decir, oficialmente un conjunto adversario. Duval no solamente le dio la rueda a Sicard, sino la bici entera, lo que supuso al vasco-francés dos minutos de sanción, que a punto estuvieron de costarle el triunfo, pues salvó la victoria por un solo segundo.

Peor le fue a Boris Shpilevsky en el Tour de Hainan, que al igual que Sicard, también lideraba la prueba en la última etapa. El ruso sufrió una rotura de radio y cambió de rueda con un rival, lo que conllevó también a una sanción de dos minutos y a la pérdida de la carrera en favor de Francisco Ventoso.

Tras una de las montoneras habituales en las llegadas masivas de las grandes vueltas, el colérico Mark Cavendish propuso que se obligara a los profesionales a pasar un examen de conocimiento de las reglas del pelotón. Era, evidentemente, una declaración producto de la furia del momento. Pero, ¿estaba tan equivocado el británico? Con lo que se juegan los grandes equipos en las principales carreras, ¿es descabellado pensar en dar a los ciclistas un cursillo básico, no sólo de conducta en el pelotón, como indicaba Cavendish, sino acerca de los reglamentos? ¿Y qué pensar del Sky? Se hallan preocupados en extremo por lo que se ha dado en llamar las “ganancias marginales”, cuando un mínimo estudio de las normas les podría reportar muchísimo más. En este caso concreto, conocer las normas les habría dado dos minutos, bastante más de lo que posiblemente pueda aportar el controvertido hecho de dormir en una caravana, por ejemplo.

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