Contador resiste ante la superioridad de Astana

Un menú completo de media montaña despedía una primera semana de Giro d’Italia, que ha repetido los mismos platos como un bucle cada día que el terreno ha permitido hacer fechorías a los candidatos a la clasificación general. Como entrante, la debilidad de Rigoberto Urán, que demuestra unas piernas sin respuesta alguna ante la llegada de los platos principales, siempre servidos por Fabio Aru en forma de ataques ante los que solo son capaces de responder Contador, con solidez; Richie Porte, sin alardes; y Mikel Landa, escudero y gregario a partes iguales del italiano. El vasco está siendo, a la postre, guía de los tres grandes dominadores de la Corsa Rosa y personificación de la apabullante superioridad en la montaña del equipo Astana, reflejada hoy en el triunfo de Paolo Tiralongo.

El italiano fue el mejor en el corto, pero durísimo, Passo Serra, a pesar de enfrentarse a rivales de la entidad de Steven Kruijswijk (LottoNL – Jumbo), Amaël Moinard (BMC Racing), Ryder Hesjedal (Cannondale – Garmin), Carlos Betancur (AG2R – La Mondiale) o el manchego Jesús Herrada (Movistar Team). En las primeras rampas, aprovechando de lanzadera al galo Kenny Elissonde (FDJ.fr), el italiano dio un zarpazo que no sólo no tuvo contestación ajena, sino que además fue garante de continuidad propia. Tiralongo fue capaz de alcanzar a base de fuerza a un Tom-Jelte Slagter (Cannondale – Garmin) que había comenzado la cota con casi dos minutos de renta, después de una cabalgada solitaria que se remontaba al descenso de Colle Molella.

Precisamente, el alto de la Campania fue el escenario de los primeros conatos de violencia deportiva y superioridad numérica, que no táctica, del plantel dirigido por Giuseppe Martinelli. Tras un arranque feroz tras el que se tardaron casi 70 kilómetros en formarse la fuga, los kazajos trataron de meter el miedo en el cuerpo a los hombres de Tinkoff-Saxo con la arrancada de Dario Cataldo -quinto en la general-. Sin embargo, su idea fue tan fútil como efímera ante un equipo danés aún bien armado, y solo sirvió para sumergir la carrera en una calma tensa hasta la subida al Passo Serra, o la “confirmación de Aru”.

La confirmación de que no va a dejar pasar oportunidades, de que viene a luchar por el primer lugar y de que no se siente intimidado por la aureola del pinteño. Lo poblado del grupo, la escasa entidad del puerto… no fueron cortapisas para evitar un nuevo demarraje del italiano, que dejó el mismo escenario que Abetone: la maglia rosa salía a su rueda, Porte hacía lo propio, Landa llegaba desde atrás para poner orden entre ellos y, por detrás, nada. De nuevo, los cuatro más fuertes de la primera semana por delante, aunque a la vera de un gregario vasco cuya presencia expuso el único complejo de su líder italiano: su retrovisor.

Y es que Astana, con superioridad y más ciclistas por detrás ante cualquier coyuntura, decidió que atacar a los rezagados en lugar de al líder, pidiendo la colaboración del mismo en la tarea de aumentar la renta con el grupo de Urán, en lugar de buscar el fallo del pinteño con alguno de sus dos capos. El objetivo, si bien puede ser el equívocado, fue cumplido. Al de Urrao, al tiempo que al resto de outsiders, les cayeron 45 segundos extras respecto al Big Four, que mantienen sus posiciones -y prácticamente las diferencias entre ambos- intactas ante el primer día de descanso del Giro de Italia.

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