Chris Froome y otras anécdotas de controles antidopaje

El británico Chris Froome (Team Sky) ha explicado públicamente que se ha saltado un control antidopaje durante la temporada 2015, aunque en realidad más que saltarse el control deberíamos decir que no lo pasó por un exceso de celo del hotel en el que estaba alojado. La historia es la siguiente: Froome se marchó con su mujer al sur de Italia de vacaciones. Puso la dirección del hotel en su ADAMS, puesto que los ciclistas están obligados a informar del lugar donde duermen todos los días del año. Los médicos del control antidopaje se presentaron a las 7 de la mañana en el hotel y pidieron su número de habitación. En recepción respondieron que no iban a dar esos datos por la ley de protección de la intimidad de sus clientes. Al final el control no se pudo hacer y se consideró que Froome no había hecho lo suficiente para garantizar que estaba a disposición de los responsables de la lucha antidopaje, puesto que debía haber advertido a la gerencia del hotel. Eso supone una primera advertencia o fallo en la localización del control. No es sancionable. Ni el caso debe ir a más. Pero Froome deberá estar más atento a los detalles porque no puede cometer tres errores en 18 meses… sin arriesgar se a una dura sanción.

El caso de Froome recuerda una historia vivida en un hotel de Benidorm hace ya unos años y con un equipo WorldTour hoy en día desparecido. Desvelamos hoy aquella vieja anécdota para que los lectores comprendan las situaciones esperpénticas que en ocasiones se viven dentro del mundillo del ciclista. Lo cierto es que el equipo sí que había avisado en recepción de que podían acudir hasta el hotel miembros de la lucha antidopaje para la toma de muestras. Así que por eso lado no había ningún problema…

Pero a veces las casualidades se alían para crear el caos. El manager del equipo decidió a última hora abandonar el hotel y tomar un vuelo de regreso a centro Europa, puesto que le había surgido un problema personal. Un cliente habitual del hotel había estado de fiesta por Benidorm durante toda la noche y… a eso de las dos y media de la madrugada decidió ir a dormir al hotel en lugar de irse a casa por miedo a tener un accidente, puesto que la tasa de alcohol que tenía superaba muy ampliamente el límite de lo legal e incluso de lo razonable.

El hotel estaba lleno… por lo que era complicado encontrarle habitación. Pero al ser un cliente habitual buscaron y rebuscaron hasta descubrir que la habitación del manager del equipo WorldTour había quedado libre esa misma tarde-noche. Así que se la asignaron. Pero por un despiste no metieron su nombre en la base de datos. ¡A las dos y media de la mañana se pierde cierta lucidez!

A las siete de la mañana se presentaron los controladores antidopaje y pidieron conocer el número de la habitación del manager. El chico de recepción había llegado un minuto antes a su puesto de trabajo -cambio de turno- y no sabía que el manager había dejado la habitación ni que ésta había sido ocupada por un cliente habitual que nada tenía que ver con el ciclismo. Le dijo el número y se olvidó del tema. O eso pensaba él.

Los controladores de la la lucha antidopaje llamaron a la puerta de la habitación. El hombre les abrió vestido sólo con unos calzoncillos ridículos pero con muchos litros de alcohol todavía en sus venas. Los controladores se pusieron a hablar en inglés. El cliente del hotel le respondió en castellano. Luego empezaron a mezclar los idiomas. Y a partir de ahí comenzó el lío.

El controlador insitió en que debía hacer un control en menos de cinco minutos. El cliente del hotel le respondió que el control lo iba a pasar su señora madre, porque él no había tocado el coche en toda la noche y que a él nadie le iba a analizar la orina. El controlador le dijo que iba a informar de sus malos modos y que iba a sancionarle. El cliente del hotel le dijo que iba a llamar a la recepción del hotel y que si no dejaba de molestarle iba a perder algún diente en el camino. La bronca fue cada vez más gorda hasta que ambos se detuvieron un segundo y se pararon a pensar.

El controlador le preguntó el nombre. El cliente del hotel contestó Pepito Pérez. El controlador le preguntó si tenía un equipo WorldTour. El cliente del hotel le respondió que tenía un Renault Megane, pero que no lo había tocado en toda la noche porque iba borracho. El controlador pidió disculpas y se marchó a recepción, donde comprobaron el malentendido, consiguió el número de habitación del director deportivo, subió hasta ella, llamó y en pocos minutos hizo el control antidopaje a ocho ciclistas profesionales.

El cliente del hotel se marchó a dormir enfadado y sin entender cómo cojones un tío que decía ser de la UCI -¿la Unidad de Cuidados Intensivos?, pensó él- se creía con derecho a hacerle pasar un control a las siete de la mañana. Al día siguiente… comprendió también el error y, además, se llevó como premio el no pagar la habitación, puesto que el hotel compensó el error invitándole. Al menos para él aquella anécdota tuvo final feliz. Y, por supuesto, no tuvo que pasar ningún control antidopaje.

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