Carlos Betancur, el Guadiana hecho ciclista

Carlos Betancur es colombiano y escalador. Pero si en lugar de una persona fuera un río, no hay ninguna duda: sería el Guadiana. Para el que no lo sepa, el Guadiana es el cuarto río más largo de la Península Ibérica y su fama literia es muy curiosa. Histórica y tradicionalmente, el río Guadiana es conocido por aparecer y desaparecer hasta el punto de que todos los que hacen apariciones fugaces en el mundo de la política, la cultura, el deporte… son tildados por ese apodo: el Guadiana. Y no hay nadie que merezca tanto ese sobrenombre como el ciclista de Ag2r.

Dudar a estas alturas de la calidad deportiva de Carlos Bentancur es ridículo. Por ejemplo, en la categoría sub-23 ganó el Giro Bio y fue segundo en el campeonato del Mundo sub-23 de fondo en carretera. En su primer año como profesional, con Acqua&Sapone, ya fue cuarto en uno de los finales en alto más exigentes de todo el Giro de Italia (Sestriere) y se llevó una prestigiosa clásica: el Giro de la Emilia. Los detalles apuntaban a un corredor sólido en la montaña, sin grandes altibajos. Pero pronto iba a cambiar su destino para convertirse en el rey de los altibajos, en el Guadiana hecho ciclista.

La temporada 2013 fue su primer año con Ag2r: 7º en País Vasco, 3º en Flecha Valona, 4º en Lieja-Bastoña-Lieja… y exhibición detrás de exhibición en el Giro de Italia. Acabó 5º en la general y fue segundo en… ¡cuatro etapas! A partir de ahí, el Guadiana hecho ciclista hizo su primera gran desaparición de escena. Betancur se marchó a Colombia, engordó demasiados kilos, afirmó estar sufriendo una enfermedad vírica, discutió con el equipo hasta el punto de arriesgarse a ser despedido… y desconectó por completo durante demasiados meses.

Su participación en la Vuelta de ese año 2013 fue un reflejo claro de un ciclista que llegaba sin entrenar, pasado de peso, pero que mantenía intacta su calidad: en su mejor etapa -y fueron 21 días- no fue capaz de acabar entre los 50 primeros, por lo que no hubo ni un sólo destello que apuntara a su recuperación. Parecía perdido para el máximo nivel. Sin embargo, poco después corría el Tour de Pekín y acababa en el top15. La Vuelta había servido como entrenamiento y el físico portentoso de Betancur estaba ahí, como siempre, reluciente como el cauce del Guadiana cuando llega hasta el mar.

En 2014, Betancur volvió a ofrecer un espectáculo similar. Arrancó el año ganando una etapa y la general del Tour de Haut Var. Y siguió anotándose otras dos etapas y la general de París-Niza. ¡Imparable! O, al menos, imparable hasta que decidió desaparecer de la faz de la tierra. El colombiano abandonó en Volta, abandonó en País Vasco, pasó inadvertido en las Ardenas… y estuvo sin competir hasta la Vuelta a Burgos. Toda esa parte del año fue una exhibición más de esa cara B de Betancur, la cruz de la moneda, la del río que se esconde en las profundidades de la tierra sin que nadie sepa dónde está ni dónde puede volver a aparecer.

En la temporada 2015, Ag2r parece haber diseñado un calendario lleno de competiciones para que su Guadiana particular no siga desapareciendo del mapa. Los resultados no han acompañado pero han llevado al escalador colombiano a correr en San Luis, el campeonato nacional, Tirreno-Adriático, Volta a Catalunya, Vuelta al País Vasco, clásicas de las Ardenas, Tour de Romandía… casi 40 días antes de afrontar la salida del Giro.

En la corsa rosa está sucediendo lo inevitable. Después de muchas competiciones, la cara A de Betancur comienza a salir a escena. Se mete en fugas, empieza a estar activo y poco a poco es capaz no sólo de estar en la fuga sino de empezar a ser uno de los hombres fuertes en cada escapada. Si en Imola y aprovechando una escapada fue segundo, en Vicenza ha sido octavo peleando de tú a tú con los mejores del Giro. El crecimiento es más que evidente. El Guadiana vuelve a salir del fondo de la Tierra y amenaza con avasallar a sus rivales en la segunda parte de un Giro en el que aún tiene mucho que decir. Es evidente que no va a ganar el Giro: es 27º a 20-41. Pero resulta difícil pensar que no vaya a adjudicarse alguna de las etapas de montaña que faltan por delante.

Eso sí, Betancur explica y amenaza: “En este Giro estoy volviendo a ser competitivo. Para mí es un sueño porque es así cuando me divierto. Tengo claro lo que quiero: quiero ganar. Y no me olvido de la general de la montaña. Somos varios los aspirantes. Pero lo voy a intentar hasta el final”. Sin embargo, el gran reto para Betancur no será ganar una etapa del Giro. Tampoco ser el mejor escalador. Su verdadero reto será dejar a un lado la etiqueta del Guadiana y no volver a desaparecer.

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