Astana cinco, Contador rosa

Muchos conocen una de las citas más célebres pronunciadas por Miguel Induráin, en referencia a las claves de su exitosa carrera: “He llegado muy lejos en el dolor“. Los grandes campeones se forjan por su descumunal talento, y por la velocidad que solo ellos pueden ofrecer cuando los demás se derrumban. Eso sí, del mismo modo que también lo son por su capacidad para resistir los ataques, soliviantar situaciones de presión y responder cuando se ha exprimido hasta la última gota de sudor. Un campeón tiene que contestar a las duras y a las maduras, brillar en sus buenos momentos como sufrir en los malos. Y Alberto Contador (Tinkoff – Saxo) ha demostrado ser un gran campeón.

Contador hoy, después de 19 etapas de dominio, en las que había acaudalado cinco minutos de renta con sus principales rivales a pesar de las diferentes situaciones problemáticas con las que se había encontrado en la Corsa Rosa, ha podido perder el Giro de Italia. Cuando Ryder Hesjedal (Cannondale – Garmin), con casi cinco kilómetros de tierra empinada tierra compactada por delante en la ilusoria búsqueda de un Mikel Landa (Astana) desatado, demarraba y dejaba clavado a la maglia rosa, todo hacia indicar que una tremenda pájara, casi desconocida para el pinteño a lo largo de su trayectoria, iba a echar por la borda tres semanas de regularidad y precisión suiza. Las sensaciones de un Contador solo, superado por Steven Kruijswijk (LottoNL – Jumbo), Rigoberto Urán (Etixx – Quick Step), Fabio Aru e incluso Tanel Kangert (Astana), rememoraban en el subconsciente colectivo escritos de tragedia griega.

Un minuto y medio cedía en la cima de la Colle della Finestre respecto a Landa e Ilnur Zakarin (Katusha), superviviente de la fuga de la jornada en inesperado protagonista de un día épico, que podría haberse convertirse en una de las remontadas más impresionantes de la historia de las grandes vueltas. El vasco, encendido, incluso incrementaba la renta bajando. Pero Contador, tranquilo, comía y bebía durante el descenso. Como buen campeón, supo administrar su margen, recuperar y dar vuelta al cuerpo de cara a los 15 kilómetros de falso llano y ascensión a Sestrieres. Así, lo que se esperaba una sangría, empezó a quedar en nada. Con un pedalear fluido, Contador había recuperado sensaciones y, sin ser el de siempre, pudo resguardar con garantías su ventaja en la general al perder solo 2:25 en la línea de meta.

Una diferencia que no solo se debe a la meritoria recuperación de Contador, sino al desastre táctico que ha impulsado los designios del conjunto Astana: perdido, descabezado y sin intención alguna de luchar por una clasificación general que todos veían relativamente al alcance. Con dos opciones válidas, Giuseppe Martinelli se decantó por la tercera. Después de rodar en solitario durante todo el falso llano, con un Zakarin asfixiado a su rueda, éste mando parar a Landa ante la falta de colaboración éste y esperar al grupo de Aru. ¿El resultado? El vasco pasaba de tener una lapa a tener cinco, porque ni siquiera su compañero daba relevos en buscando endosar el máximo tiempo posible al pinteño. Con cuatro etapas en su haber y la opción (escasa, pero existente) de llevarse el Giro, los kazajos optaron por buscar un quinto triunfo. Obviamente, lo encontraron por medio de un Aru inconmensurable en el último kilómetro, que acabó si miramientos con Urán y Hesjedal.

Un final espléndido de la maglia bianca en el seno del despropósito. La síntesis perfecta de lo que ha sido el Giro del Astana, uno de lo muchos ingredientes que han convertido la etapa de hoy y esta Corsa Rosa en unas de las mejores de lo que vamos de siglo; y que coronará a Alberto Contador, a la espera de lo que suceda mañana en el paseo triunfal entre Turín y Milán, como campeón de la presente edición del Giro de Italia.

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